Los concursos, las guías y demás medios de promoción (I)

En el mundo del vino existen varias fórmulas para darse a conocer, algunas son comunes a cualquier otra actividad y otras son más genuinas. La publicidad, los concursos, las guías de vinos, las revistas especializadas, las catas, las ferias, internet,… Hoy hablamos de los concursos.

Nosotros no participamos en concursos. Bueno, solo una vez hace casi 30 años y pertenece a una época y a un lugar donde aún predominaba la ingenuidad.

La dinámica de los concursos en la actualidad es muy similar. Cuesta en torno a 100 euros inscribir cada una de las muestras. Si tenemos 10 vinos sale a 1.000 euros el concurso, más los gastos de transporte y las botellas que hay que mandar (normalmente una caja de cada). Solo en España hay más de 30 concursos entre oficiales y reconocidos, luego están los otros y los del extranjero (los típicos como el de Bruselas aunque no se celebre en Bruselas y los más exóticos que aparecen como setas en cualquier país del mundo con o sin tradición vitivinícola).

No se trata realmente de concursos donde se establezca un orden en base a una puntuación en cata sino de repartir un buen número de «medallas» que es lo que atrae a un buen número de participantes. El secreto está en hacer un doble juego transmitiendo a las bodegas la imagen de que hay medallas para todos y a los consumidores todo lo contrario, sino el invento no funcionaría. De hecho es obligatorio limitar el número de distinciones que se pueden otorgar. Para estar reconocido por la OIV la suma de todos los premios no debe exceder del 30% del total de las muestras [PDF] presentadas al concurso. Esto no quiere decir que no haya un jurado suficientemente acreditado y que las catas no sean rigurosas, de hecho suelen ser sumilleres de prestigio y críticos reconocidos los que componen los jurados y que siguen unos parámetros de cata preestablecidos y estandarizados para todos los vinos de la misma categoría. Es en la forma de vender el concurso donde está la gracia.

De cara al consumidor se transmite la imagen olímpica del oro, plata, bronce, o lo que es lo mismo, 1º, 2º, 3º. Eso da la idea de que son solo 3 los premiados cuando en realidad son cientos o miles. Además, en muchos casos se ha eliminado el bronce para evitar cualquier mala imagen que pueda conllevar y se han introducido nuevos metales o materiales preciosos (o el «gran oro») que van más allá del típico podio.

Por cierto, lo normal es que ni existan realmente las medallas en metal. Ahora bien, sí se pueden obtener cuantas copias del diploma se quieran (y se paguen) y reproducciones de la medalla en etiquetas autoadhesivas para incorporar a la botella.

Nuestra opinión es que este tipo de eventos no hacen ningún favor al mundo del vino, es un aporte más de confusión en el que pocos se enriquecen a costa de muchos (bodegueros y consumidores) sin que mejore ni la calidad del vino ni la información al consumidor. Y por supuesto, mucho menos el precio, porque todos los gastos que realiza una bodega tiene que repercutirlos en cada botella. Obviamente será mayor el impacto en pequeñas producciones que en grandes bodegas, por eso este tipo de concursos son especialmente negativos para pequeños productores.

La imagen pertenece a Jean Louis Zimmermann

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Barranco Oscuro

Barranco Oscuro, vinos de altura