Hace ya algunos años que desapareció legalmente la categorÃa Vino de Mesa, la de litrona y tetrabrick, pero también la de unos pocos que optamos por tener una mayor libertad creativa. En realidad no fué nunca una categorÃa, sino un término peyorativo que probablmente algunos se habÃan ganado a pulso pero que a otros se les aplicaba por el simple hecho de salirse del redil. Siempre hubo algún despistado que preguntaba el porqué de situarnos tan abajo en el escalafón burocrático, pero para la inmensa mayorÃa lo que siempre ha importado es lo que hay dentro… y detrás. El sistema de Denominaciones de Origen, sobretodo en España, no tiene ningún prestigio para cualquier iniciado. Nadie pagarÃa un precio respetable por un simple sello de DO, eso al final depende de la bodega y el vino, independientemente de la zona y de la calificación legal que tenga.
El caso es que si el sistema de DO fuera tan bueno no necesitarÃa sostenerse contra viento y marea a base de legislaciones abusivas, generosas subvenciones y el amparo mediático que suele ser el destinatario de mucha de esa generosidad.
En muchas publicaciones aún se mantiene la categorÃa Vino de Mesa, a pesar de su falta de vigencia, con la única finalidad de desprestigiar. ¿Acaso se catan ahà los vinos de cartón? Más bien al contrario, son vinos muy destacables que superan en singularidad y puntuación a la mayorÃa de Indicaciones Geográficas y a muchas Denominaciones de Origen.
La legislación se extralimita cuando reserva determinadas expresiones, que nada tienen que ver con el origen, a los vinos con DO, limitando la capacidad de etiquetar los demás vinos. Con ello no solo se genera una competencia desleal sino que se impide al consumidor, de manera injustificada, el conocer la realidad de los productos que adquiere. Hay más. El vino es el único alimento que no tiene la obligación de indicar una lista de ingredientes, es más, según la interpretación que algunos hacen de la ley, estarÃa incluso prohÃbido hacer alguna mención.
Todo esto, igual que la legislación de sanidad o los registros del impuesto del vino, se justifica desde una perspectiva de control. Para defender al consumidor. Sin embargo (otro ejemplo) ¿Por qué se obliga a poner la expresión “Contiene sulfitos” a todos los vinos con más de 10 miligramos por litro de AnhÃdrido Sulfuroso y no se obliga a poner la cantidad? ¿Acaso es lo mismo un vino con 20 que con 120? ¿Se está pensando en el consumidor o en lo contrario?
Nosotros creemos que solo con libertad se puede crear, conseguir un alto nivel de calidad, singularidad. Los estándares son para un mercado alimentario masivo que hace tiempo que se fué de las manos. No es el tema de esta entrada pero no hay que dejar de denunciar que somos los productores artesanos y los consumidores los que pagamos el pato. La carga de burocracia para los pequeños es asfixiante y luego las vacas locas y los pimpollos llegan sin avisar.













